En estas andamos

Hace Miércoles que no os saludo.

Que no hablo de mí.

Que no os cuento lo que estoy haciendo.

¿Por qué?

La respuesta,

EL TIEMPO.

Todo el trabajo que tenía atrasado

las ideas que quería llevar a cabo

planes mil veces pospuestos

se han ido colocando en la cola de salida.

Poquito a poco.

Por ahora ya tengo los botones que enlazan con

T O D A S

T O D A S

las redes sociales en las que ando metida.

La última,

Tumblr,

ya tenía otra cuenta

pero claro

al ser un total caos de gustos

no era ni una cosa ni otra,

y ya se sabe

divide

y vencerás.

Aunque

la unión

hace

la fuerza.

En este caso,

opté por dividir.

Otro de los trabajos en cola

era editar las fotos de Roma.

Y seleccionarlas.

Que una

a veces

parece más japonesa

que el yen.

Hoy os voy a hablar de Roma.

De la Roma que pude ver.

Uno llega a Roma

con los ojos bien abiertos.

Con ganas de verlo todo.

Con la sensación de que no puedes ni pestañear

porque en ese pestañeo,

justo en ese momento en el que vas a cerrar los ojos

te puedes perder algo grandioso.

.G R A N D I O S O.

Esta palabra en Roma

gana significados.

Lo que esperas grande

no lo es tanto.

Sin embargo

todo es más.

Yo iba con mi plano preparado

hecho con meses de antelación.

(si os interesa os puedo pasar el link)

Fotos que quería hacer,

lugares que visitar,

tiendas en las que comprar,

papelerías donde perderme,

zonas por las que pasear.

(y ya ni hablo de sitios en los que comer)

(o tomar un café)

(o un helado)

Quería ver una Roma no tan turística.

Otra vez será.

Porque el viaje,

era organizado,

200 personas.

4 días.

A priori

sabía que no iba a tener mucho tiempo para mí.

Así fue.

Ni tiempo de hacer fotos.

Ni de comer pizza.

Yo me iba a hinchar a helados.

Sólo pude tomar uno.

U N O.

Ni foto le hice,

lo tomé con un ansia

que ni os imaginais.

La misión “vamos a comer pizza”

también se vio frustrada.

Para una vez que tenía tiempo de sentarme en un sitio y pedir una,

sin importarme que hubiese acabado de comer hacía sólo una hora,

sin tener hambre,

pedí pizza con la mayor ilusión,

…y…

van

…y …

¡me traen un sandwich!

¿perdón?

un

S A N D W I C H

¿por qué pone pizza en la carta?

Lo ignoro.

Dudé hasta del sentido de la vida.

No digo más.

Un drama.

(sin mencionar que cobraron el doble de lo que ponían en la carta)

(…aunque como no había tenido ni tiempo de gastarme un mísero euro en los 3 días anteriores…)

Eso sí,

hay que mirar siempre el lado positivo,

así gano una disculpa más para volver.

Como estudiante

siempre odié a los romanos,

eran los temas que siempre intentaba no estudiar.

.grandes planes los míos.

Roma es una ciudad tan densa

que resulta casi inabarcable,

(de ahí mi odio estudiantil)

(¡qué de cosas!)

pero tan acogedora

que parece que estás por casa.

A Roma hay que volver

una y otra vez

hasta que puedas pasear por sus calles

y pestañear a la vez.

Hice fotos,

muchas,

y algunas pocas,

las he puesto en flickr.

Me obsesioné con las ventanas,

con los capiteles,

con las esculturas,

con los áticos y sus terrazas,

con los pinos paraguas.

Bordeando el infarto a cada paso.

Si tengo que elegir una foto que resuma mi viaje

es esta

El Discóbolo de Mirón.

(réplica romana, no la original)

Que tuve que elegir

entre verlo

o hacerle foto,

no había tiempo para hacer las dos cosas.

Pues entre que lo ví

y seguí caminando,

le hice una medio foto.

Por esto de decir un

estuve allí.

Así fue mi estancia,

detrás de los guías a toda velocidad

con el dedo pegado al botón de disparar

sin tiempo de mirar.

Eso sí,

disfruté cada segundo.

Ver señoras que rozan las 80 primaveras

(inviernos, veranos y otoños todos juntos)

con sus cámaras digitales

diciendo una a la otra

“cuando lleguemos a casa te las paso con el usb”,

señoras que ante un

“que viva España”

tocado al acordeón por un rumano en un parking de buses

repleto de gente

se ponen a bailarlo con chicos napolitanos,

señoras que ante las turbulencias

en el avión

se arrancan a cantar un mix con los mejores éxitos de la música tradicional gallega,

contagiando a todo el avión,

eso,

queridos míos,

te reconcilia con la vida.

Por lo menos.

Conclusión,

 un viaje organizado

hay que hacerlo

una vez en la vida.

Y por hoy

esto es todo.

Roma,

volveré.

¡Buen Miércoles!

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